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15 October 2010

Bodegón Moruno



Con todos mis respetos

Con todos mis respetos... me toca bastante las narices malgastar ese poco tiempo que me queda justificando por qué pinto lo que pinto y no me dedico a colocar macetas luminosas dentro de una preciosa iglesia… al igual que me molesta estar pintando lo que veo y que un desocupado me cuestione si pienso o no, por que su mente estrecha no es capaz de comprender que una mano se agiliza con el trabajo y el esfuerzo hasta acabar siendo uno.

Me molesta tener que intentar convencerles de que mi vida es la pintura, la mancha, el trazo, el barro, el arte, no entiendo por que tengo que estar probando a un puñado de burócratas sin oficio aparente (y no se ofendan), que estoy dispuesta a vender mi alma para seguir pintando, de que me niego a acabar donde no toca. Por que se que es un pulso, y que la mujer perecerá en pos de la artista que llevo dentro, por que la sangre me hierve cuando las horas no me alcanzan, cuando mis manos no crean, cuando mi cabeza no maquina… eso es lo que siento

Llevo muy poco tiempo queriendo vivir de lo que hago aunque toda la vida creyendo en ello, tiempo suficiente para darme cuenta de que nadie es profeta en su tierra, y mucho menos cuando un puñado de zoquetes se empeña en tirarte por los suelos acogiéndose a un papel mecanografiado.

Cada vez tengo más claro que debí nacer en el XIX cuando la fe del artista movía montañas, cuando Monet se encerraba en su jardín buscando impresiones y Mir mezclaba en su paleta los maravillosos azules de Cataluña. Aún a riesgo de perecer en el intento y que al día siguiente un iluminado se diera cuenta de la gran calidad que derrochaban mis manos, para luego pasar a formar parte de los libros de historia con una triste biografía que narra un amor imposible. Ironías de la vida, pero créanme cuando les digo que no quiero acabar regocijándome desde la tumba de una celebridad postmortem.

No quiero finales trágicos, ni que encasillen mi pintura en las artes ancestrales, por que un inepto no sabe que cuando uno pinta hoy día, quiera o no, es contemporáneo.

Mis pinturas hablan por si solas, sus manchas, sus colores van más allá de estilos, más allá de las formas. Son gesto puro.

Ese es mi proyecto. Reencontrar aquella pincelada que quedó perdida entre la segunda mitad del siglo XIX y hoy día. Y que actualmente está denigrada por aquellos que se dedican al conceptualismo.

Revindico un arte que prescinde de la teoría y se sirve de su sola presencia, aludiendo a aquel impresionismo que reverdece la realidad convirtiéndola en arte. Toda mi obra gira en torno a esa búsqueda, a esa nueva lectura de lo cotidiano, reinventándolo, haciéndolo emerger convertido en una obra de arte que habla, que vibra y hace vibrar. A la búsqueda de un color conciso, de una pincelada maestra.